30 de abril de 2003

MERCÉ FERNÀNDEZ

 

El bienestar de los animales en las granjas, así como en el transporte y sacrificio, es una línea relativamente reciente de investigación cuyo objetivo es minimizar el sufrimiento innecesario y mejorar los modelos de las actuales granjas. Con ello se pretende mejorar el estado sanitario de los animales y también la calidad final de la carne.

¿Qué causa estrés a un animal? Diversas investigaciones sobre el modelo animal más estudiado, el cerdo, muestran que entre los factores estresantes están el destete precoz de los lechones, la mala estructuración de los corrales, la alimentación, la iluminación o la ventilación inadecuadas, poner a las hembras parturientas en jaulas o no disponer de espacio suficiente para cada animal.

El estrés o el sufrimiento excesivo de los animales repercute directamente en la calidad de la carne

Factores como estos no sólo son estresantes sino que pueden inmunodeprimir al animal e influir directamente en su salud. Y, como en un círculo cerrado, la salud y el estado sanitario de los animales repercute nuevamente en el bienestar de los animales. De tal forma que, a veces, para evitar enfermedades multifactoriales como algunas neumonías que pueden estar causadas por la alta densidad en los corrales, «lo mejor no es administrar antibióticos sino bajar la densidad». Así lo explica Antonio Velarde, investigador del Centro de Tecnología de Carne del IRTA, y experto en el estudio del estrés animal durante el transporte y el sacrificio. Su equipo esta poniendo a punto el protocolo para una nueva investigación que persigue descubrir la eficacia de uno de los métodos habituales de aturdimiento antes del sacrificio, el del CO2.

Estudio de potenciales evocados

La controversia sobre si el CO2 es eficaz o no surge del hecho de que no se sabe a ciencia cierta en qué momento el animal queda inconsciente. En la eficacia del aturdimiento con CO2, detalla Velarde, juegan varios factores: la concentración de gas, el tiempo de exposición del animal al gas y el tiempo que se emplea para el sacrificio. Si el animal recupera la conciencia durante el proceso, reaccionará intentando huir, estará sometido a un alto estrés y sufrimiento innecesario. Como resultado del esfuerzo y desgaste energético, la carne tendrá muy baja calidad y no se podrá comercializar, con lo cual todo el sufrimiento habrá sido en balde. «Si la carne es necesaria», apunta Velarde, «al menos que se consiga con el mínimo sufrimiento animal».

El problema con el CO2 es que, por lo general, tras 20 o 25 segundos de inhalar el gas y desplomarse, el animal suele presentar convulsiones. Lo que no está claro es si estas convulsiones son una respuesta refleja del sistema nervioso o si el animal esta todavía consciente y es una respuesta a su aversión por el gas. Para averiguarlo, los investigadores del IRTA están preparando un protocolo para comparar la respuesta a potenciales evocados en animales antes y después de ser sometidos al CO2. Se trata, básicamente, de presentar a los animales estímulos visuales, auditivos y táctiles y ver su respuesta, a través de electroencefalogramas. Después, los mismos animales son sometidos a aturdimiento con CO2 y se controla a través de un electroencefalograma en qué momento la respuesta cerebral cambia de tal forma que se puede decir que están inconscientes.

Paralelamente, los investigadores compararán los resultados entre animales portadores y no portadores del gen halotano. Se sabe que los cerdos portadores de este gen son más susceptibles al estrés. «La tendencia en el mercado europeo», añade Velarde, «es intentar eliminar el gen halotano, a través de selección de especies». Pero de seguir esta línea, será un proceso lento.

Repercusión directa sobre la calidad

El manejo en general de los animales tiene una repercusión directa sobre la calidad de la carne. Por ejemplo, es importante evitar el uso de picas eléctricas, evitar las rampas y no mezclar los grupos sociales durante el transporte. «Los cerdos son muy jerárquicos, en los primeros días en la granja, establecen una jerarquía y después ya no hay peleas». Si se rompen esos grupos, los animales vuelven a enzarzarse en nuevas peleas para reestablecer la nueva jerarquía, lo que supone más estrés.

Los estudios sobre la conducta de los animales, iniciados alrededor de los años 70, son una de las pocas vías para esclarecer si el animal sufre o no. Actualmente la producción española sobrepasa las necesidades del país. Según la evolución de censos y producciones ganaderas del Ministerio de Agricultura, en diciembre del 1970, España contaba con 7.621.000 cabezas de porcino, cifra que en diciembre del 2000 había aumentado hasta 22.149.000 (sólo por debajo de Alemania, con algo más de 26 millones de cabezas). Los profesionales del sector saben que para exportar debe aumentarse la calidad. Pero también son conscientes de que el interés del consumidor por el bienestar de los animales ha aumentado y marcará decididamente el futuro del sector.

HACIA UN NUEVO MODELO DE GRANJA

Muchos factores estresantes son más habituales de granjas intensivas que de extensivas; lo que no significa necesariamente que sean estas últimas mejores en todo. «En granjas intensivas el tratamiento sanitario de los animales es más fácil y seguro; en granjas extensivas puede haber más problemas para controlar parásitos y el estado sanitario de los animales», detalla Antonio Velarde. Una granja intensiva resolverá el tema del calor con ventilación; una granja extensiva, debe ofrecer sombra suficiente, o agua y barro para que el animal, que no dispone de glándulas sudoríparas, pueda refrescarse. De lo contrario, el calor puede afectar de forma importante al animal.

De cualquier forma, el elevado nivel de producción de carne a buen precio despierta dudas sobre si los métodos actuales son buenos desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, el medio ambiente y el bienestar animal. Dado que un cambio radical no es posible, los nuevos modelos de granja persiguen unir lo mejor de ambas concepciones. Un ejemplo está en la recomendación de la Unión Europea de poner paja en el suelo de las granjas porcinas «siempre que sea posible», una recomendación quizá insuficiente por no indicar obligatoriedad.

«Sobre un lecho de paja el animal está más cómodo, puede remover y explorar en ella», detalla Velarde. Los cerdos tienen un instinto muy fuerte de hozar y explorar con el hocico. En granjas extensivas el animal puede explorar. En intensivas, si el animal no puede hozar, «redirige» ese instinto hacia otros estímulos y actividades como morder las colas de los compañeros, señala el investigador. «Es algo muy habitual y problemático [produce dolor, estrés y peleas entre los animales], y no se arregla siempre con cortar las colas». Poner otros estímulos como pelotas o cadenas de hierro, es una opción que se convirtió en norma recientemente en el Reino Unido.

 

 

Parámetros para medir el estrés de los animales

La respuesta al estrés no sólo difiere entre distintas especies sino entre individuos; cada animal tiene su propia personalidad

16 de diciembre de 2003


MERCÉ FERNÀNDEZ

En los próximos años las normativas referidas al manejo y transporte de animales de granja van a ser cada vez más estrictas y vigilantes para con el bienestar animal. Las investigación actual busca parámetros e indicadores que señalen el nivel de bienestar tanto para un rebaño como para un individuo en particular

Un rebaño de ovejas amontonadas en un rincón es señal inequívoca de estrés.

¿Cómo se mide el estrés en los animales? Se conocen bastante bien los mecanismos bioquímicos que se generan en un animal frente al estrés, así como sus consecuencias en la carne. En porcino y vacuno, por ejemplo, se sabe que el estrés aumenta los niveles de cortisol. Otro parámetro bien conocido es la creatinkinasa, un enzima muscular bien conocido como índice de gasto energético, cuyas concentraciones se incrementan cuando el animal hace ejercicio. El gasto energético también provoca el consumo de glucosa y aumenta el ácido láctico, éste último como respuesta del metabolismo para obtener energía ante la disminución de glucosa. La consecuencia de ello es que el pH del músculo no disminuye y da una carne de peor calidad. Estos mecanismos adaptativos de la biología del animal, que se generan como en cascada, son indicadores «a posteriori» de que los animales han sufrido estrés.

Pero hay otros parámetros más inmediatos. La frecuencia cardiaca, la temperatura y, en función de la especie, «las diferentes vocalizaciones, su intensidad y duración, pueden ser indicadores de estrés», señala Antonio Velarde, especialista en bienestar animal en ganado porcino e investigador del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA) de Cataluña. Él y su equipo están preparando un proyecto dentro del VI Programa Marco de Investigación de la Unión Europea para desarrollar un protocolo que establezca parámetros y métodos para estudiar el bienestar de los animales.

Diferencia entre especies e individuos

El conocimiento de las reacciones y de las emociones del animal puede ayudar a disminuir las situaciones de estrés

Los comportamientos difieren entre especies. A la oveja le produce estrés que la saquen de su ambiente y de su rutina habitual, así como el sentirse aislada. Si se siente acorralada se queda muy quieta, a la espera de que su agresor se despiste para huir. El cerdo, por el contrario, sale huyendo inmediatamente.

Un rebaño de ovejas amontonadas en un rincón es señal inequívoca de estrés. En el transporte, las ovejas, incluso asustadas, entrarán fácilmente en el camión, mientras que el cerdo, apunta Velarde, «se plantará y no querrá entrar». Al cerdo le estresa mucho el calor, continua Velarde, «más que a la oveja que se adapta bien los cambios de temperatura». Lesiones, heridas, golpes, así como el índice de mortalidad, son también indicadores de que no todos los animales se han podido adaptar al transporte.

Pero lo que siempre recordamos, asegura el experto, es que dentro de las generalizaciones hay diferencias entre animales, «cada ejemplar es un individuo con su personalidad». Para controlar y garantizar el bienestar animal hay que aprender de esos parámetros qué factores son estresantes y evitar las situaciones conocidas como generadoras de estrés, afirma Velarde. Igualmente, «hay que dotar a los veterinarios de las condiciones necesarias para garantizar ese bienestar».

La emoción del animal

Una nueva forma de estudiar el bienestar animal es intentar abordar el conocimiento de sus reacciones y emociones; identificar a partir de situaciones que se saben estresantes nuevos indicadores que servirán, a su vez, para detectar, confirmar o controlar nuevas situaciones de estrés.

En este contexto, un trabajo interesante es el llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Noruega dirigidos por Agnhethe Iren Sandem. El grupo de científicos estudió en vacas la relación entre la frustración que sentían cuando no podían comer y la proporción de blanco en el ojo.

El experimento comparaba la reacción de dos grupos de vacas lecheras, a uno de los cuales se le impedía comer durante seis minutos (lo que consiguieron poniendo una cobertura de plástico agujereado en el recipiente de forraje, de forma que el animal veía y olía pero no podía acceder al alimento). Las vacas privadas de alimento mostraban algún comportamiento agresivo (vocalización, agitación de la cabeza) a la par que durante los primeros cuatro minutos del test la proporción de blanco en los ojos iba haciéndose mayor que en el grupo de control. Ello, explican los investigadores, sugiere que este signo podría ser un indicador dinámico de la frustración para este tipo de ganado.

 

EL PICOTEO AGRESIVO Y EL ESTRÉS EN GALLINAS

El picoteo agresivo en aves de corral se relaciona con altos niveles de estrés.

Un trabajo reciente del Instituto de Ciencias Animales de la Universidad de Wageningen (Holanda) estudia en aves el nivel de corticosterona en relación con el picoteo, un comportamiento en gallinas ponedoras que puede ir de normal a muy agresivo y que se relaciona con el estrés. En las aves el estudio del comportamiento es, quizá, más difícil por la distancia filogenética que la separa de la especie humana. Pero se conocen y se estudian parámetros fisiológicos como medida de estrés (respiración, electrocardiograma, temperatura) así como factores estresantes, como el calor, la limitación del espacio de la jaula y la falta de estímulos, lo que provocaría un picoteo agresivo entre ellas que a veces puede resultar incontrolable.

Este tema de estudio resulta controvertido, porque para evitar el picoteo agresivo se recortan los picos de las aves, medida cuyas consecuencias no están bien evaluadas y que puede resultar un factor de estrés. En este sentido, en el Instituto Roslin de Edimburgo proponen enriquecer el entorno de las aves. La mejor solución que han hallado es un manojo de cuerdas que han probado con gallinas y que a los animales, al menos aparentemente, les resulta «muy atractivo». Los investigadores, a falta de mejor respuesta, deducen que debe ser porque los manojos de cuerdas guarda «una cierta semejanza» con hierba, gusanos o paja.

 

Los efectos del transporte sobre el ganado bovino
El proyecto europeo CATRA pone de manifiesto las deficiencias y puntos críticos que causan estrés durante el transporte de ganado bovino

5 de noviembre de 2003

MERCÉ FERNÀNDEZ

El transporte, tanto si se trata de cortos trayectos como si son viajes de larga duración, causa estrés en los animales. Su consecuencia más directa es una merma de calidad, cuando no una reducción de productividad. Identificar los puntos críticos del transporte, así como deficiencias claramente mejorables, es el objetivo del proyecto europeo CATRA, cuyos resultados, dados a conocer recientemente, deben aportar luz para la futura ley europea de Bienestar Animal.

 

Los efectos del transporte se dejan notar negativamente en el ganado bovino.

El pasado verano se presentaron en Bruselas los resultados finales de CATRA, un proyecto europeo que durante más de tres años ha investigado las consecuencias del transporte de ganado bovino sobre el animal y la calidad de la carne. El transporte, según se destaca en las conclusiones, es uno de los puntos clave para garantizar el bienestar de los animales, pero todavía hay poca información para analizar científicamente sus efectos. Tampoco hay mucha información sobre cómo se está haciendo actualmente. Por ese motivo, los objetivos de CATRA incluían tanto el análisis del efecto del transporte como la realización de una encuesta que recogiera la realidad en el ganado bovino.

Unas 86 granjas, 43 transportistas y 28 mataderos participaron en la encuesta que realizó en España el Departamento de Producción Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, participante de CATRA. En el proyecto participaron grupos de investigación de Suecia, Finlandia, Alemania, Eslovenia, Noruega, España e Italia, además de tres empresas, de Suecia, Finlandia y Alemania.

En general, explica Gustavo María Levrino, coordinador del grupo español y profesor de la Universidad de Zaragoza, la encuesta revela que se trabaja bien pero que hay «puntos a mejorar», como la logística o la coordinación entre transportistas, mataderos y granjas.

Para empezar, dice, la descoordinación hace que el transporte sea más caro para todos. Pero además repercute negativamente en el animal, que está sometido a más esperas y expuesto a ser transportado al camión en horas inapropiadas. Lo mejor, recuerda el experto, sería hacerlo muy temprano o a última hora de la tarde, evitando las horas de calor y los atascos.

La descoordinación en el transporte hace que este sea más caro y genera más estrés en el animal

Por otra parte, durante el transporte no hay control veterinario para garantizar el bienestar del animal. También puede ocurrir que, por simple descoordinación, en las descargas no haya veterinarios disponibles. Además, si la descarga la efectúan transportistas que no han recibido la formación adecuada, puede que mezclen grupos sociales de animales, lo que les causa estrés, o que, si no está bien planificada la carga, no se respete el espacio de 1,7 metros mínimo por animal.

Una forma para evitar estos desajustes, precisa Levrino, sería asociar a los transportistas, en su mayoría enrolados en empresas pequeñas y medianas, organizar cursos de formación específicos y conseguir a largo plazo que sean los propios transportistas los que eduquen a sus compañeros más inexpertos. Es lo que se está haciendo ya en otros países como el Reino Unido.

Duración del transporte

Según se desprende del macroestudio europeo, no es tan importante el tiempo del transporte como las condiciones en las que se hace. Los investigadores de CATRA han estudiado ambos factores de forma independiente y los resultados revelan que tan estresantes son los tiempos de transporte muy cortos como los largos.

El experimento se hizo con diferentes grupos de ganado bovino realizando un mismo trayecto y con las condiciones del camión cuidadosamente controladas. La única diferencia era la duración del transporte: 30 minutos, 3 horas o 6 horas. «Tiempos muy cortos», explica Levrino, «son muy estresantes porque el animal no llega a adaptarse». Con tiempos muy largos el animal se adapta pero sufre deshidratación y un descenso de sus reservas energéticas. La consecuencia es un estrés innecesario para el animal y una carne de peor calidad.

Si se trata de animales que son transportados a cebaderos de otro país, como las terneras frisonas que se traen de Alemania, la consecuencia del estrés es inmunodepresión en el animal, con todos los efectos que eso conlleva. Se añade otro factor de estrés importante si se trata de crías que son separadas de la madre.

Los transportes de larga duración no son una excepción. Un ejemplo es el que se da entre Aragón y Sicilia, donde ha arraigado la costumbre de comprar al animal vivo para sacrificarlo allí. Incluso si no se superan las 29 horas de duración máxima de transporte que marca la ley, incluyendo los descansos, sigue siendo un viaje muy largo. «No puede ser ético que un animal se críe en un sitio y tenga que ser llevado a sacrificar a otro lugar tan alejado», reflexiona Levrino.

Quizá la situación cambie con la propuesta de nueva normativa que está estudiando la Comisión Europea. Aunque existen dudas. Una de las propuestas es que la duración máxima del viaje sea de 9 horas con un descanso de 12 horas dentro del camión, un descanso que no se acaba de entender. Doce horas en camión parado le parecen a este investigador «incomprensibles».

No hay argumentos técnicos, añade, para asegurar que nueve horas de transporte son mejor que diez, por lo que no acaba de entender la limitación que quiere plantearse. «si se coge un mapa», enfatiza Levrino, «se verá con facilidad que nueve horas es poco tiempo» para completar largos trayectos. En esos casos, los animales necesitan un descanso «sin duda» pero esas doce horas en el camión no parecen «lo más sensato».

Pese a ello, en la propuesta comunitaria, que será discutida en próximos meses, hay aspectos considerados positivos, como la limitación de transportar crías, que sólo se podrán separar de la madre a partir de cierta edad. De cualquier forma, el gran problema de esta normativa que tiene que velar por el bienestar de los animales es que «es difícil que sea buena para todos los países y animales», admite Levrino. «Habrá que controlar que se cumpla de forma correcta», añade. Los encargados de aplicar la normativa son las Comunidades Autónomas pero tienen limitaciones técnicas. «Hacen lo que pueden».

LA CAJA NEGRA DEL TRASNPORTE ANIMAL                      

El uso de sensores y equipos de video vigilancia durante el transporte ayudará a monitorizar sus efectos negativos.

Uno de los frutos de CATRA ha sido el desarrollo de la Smart Box, una especie de «caja negra» que controla de forma automática en el camión todos los factores que tienen incidencia sobre el bienestar del animal y la calidad de la carne. La idea era que factores como paradas, frenadas, temperatura, posición de los animales, velocidad del aire y gases, debían ser registrados mediante sensores y cámaras de vídeo y transmitidos por satélite a la central logística desde donde se controlaría la calidad del transporte. Incluso se pensó en añadir sensores para recoger el ritmo cardíaco de los animales.

El prototipo de este sistema fue presentado en la Comisión Europea y ahora una empresa está tratando de llevar ese desarrollo a una aplicación comercial. Otro fruto es el haber conseguido asociar a los transportistas de Aragón y el inicio de cursos para veterinarios y conductores con la Dirección General de esta comunidad autónoma.

Directiva europea

Nuevas normas de protección porcina

8 de enero de 2003
JUAN RAMÓN HIDALGO MOYA

El pasado primero de enero entró en vigor el Real Decreto 1135/2002, de 31 de octubre, relativo a las “normas mínimas para la protección de cerdos”. La norma incorpora a nuestro ordenamiento jurídico sendas Directivas comunitarias del 2001 cuyo objetivo es establecer pautas comunes en la Unión Europea para la protección de los cerdos de cría y engorde.

La aplicación de la norma, que deroga la anterior regulación de 1994, es más exigente para todas aquellas explotaciones que se construyan o reconstruyan, o bien comiencen a utilizarse por primera vez con posterioridad al 1 de enero de 2003, aunque se mantienen excepciones puntuales para aquellas en funcionamiento con anterioridad a su entrada en vigor. La norma introduce novedades en cuanto a los requisitos que deben de cumplir las explotaciones de cerdos, la formación de sus cuidadores y el destierro de ciertas prácticas habituales, a partir de ahora consideradas “poco adecuadas”.

El establecimiento de normas mínimas en la UE tiene su antecedente más inmediato en el informe que la Comisión presentó sobre los sistemas de cría intensiva de cerdos y en el Dictamen del Comité Científico Veterinario de 30 de septiembre de 1997, en el que se señalaba que “los cerdos deben vivir en un entorno que se ajuste a sus necesidades de ejercicio y comportamiento exploratorio y que una importante limitación de espacio compromete su bienestar”.

La trascendencia de la norma tiene mucho que ver con el volumen económico que genera. El censo de porcino en la UE superaba en junio de 2002 los 120 millones de animales. El país con mayor es Alemania (26.255.000 animales en la misma fecha), seguido de España (22.739.000), Francia (15.063.000) y Dinamarca (12.921.000), que supera ya a Holanda. España consta como el primer país en número de cerdas, (2.629.000), superando a Alemania (2.602.000). La comunidad autónoma con mayor número de cabezas de porcino es Cataluña (6.108.391), seguida de Aragón (4.134.196), Castilla-León (3.359.954) y Andalucía (2.249.116).

Normas de obligado cumplimiento

A fin de proporcionar una perspectiva integral, la Comisión establece en la nueva normativa aspectos de obligado cumplimiento para cualquier animal de granja como los relativos a establos, condiciones de aislamiento, calefacción, ventilación e inspección del equipamiento y del ganado, además de normas específicas para el sector porcino. Las más relevantes son:

  • Características de los locales de estabulación: Los locales de estabulación para los cerdos se construirán a partir de ahora de forma que los animales puedan tener acceso a un área de reposo, confortable desde el punto de vista físico y térmico, adecuadamente drenada y limpia, que permita que todos los animales se tumben al mismo tiempo; descansar y levantarse normalmente; y ver a otros cerdos (a excepción de la semana anterior y durante el parto para las cerdas adultas y jóvenes). Los cerdos deberán tener acceso permanente a una cantidad suficiente de materiales que permitan unas adecuadas actividades de investigación y manipulación como paja, heno, madera, serrín, compost de champiñones, turba o una mezcla de los mismos, que no comprometa la salud de los animales. Los suelos serán lisos, pero no resbaladizos, para evitar daños a los cerdos y se diseñarán, construirán y cuidarán de forma que no causen daño o sufrimiento a los cerdos; y serán adecuados al tamaño y al peso de los animales y, si no se equipan con lechos de paja, formarán una superficie rígida, plana y estable.

  • Niveles de ruido: En la parte del edificio en la que se encuentren los cerdos se evitarán niveles de ruido continuo superiores a 85 dBe, así como ruidos duraderos o repentinos.

  • Intensidad de luz: Los cerdos deberán estar expuestos a una luz de una intensidad mínima de 40 lux durante un período mínimo de ocho horas al día.

  • Alimentación: A todos los cerdos se les alimentará, al menos, una vez al día. Cuando los cerdos se alimenten en grupos y no a voluntad, o mediante un sistema automático de alimentación individual, cada animal tendrá acceso al alimento al mismo tiempo que los demás componentes del grupo.

  • Acceso al agua: Todos los cerdos de más de dos semanas de edad tendrán acceso permanente a una cantidad suficiente de agua fresca.

Condiciones específicas

La norma establece disposiciones específicas respecto a las condiciones de cría y para las distintas categorías de cerdos. Las más relevantes, de obligado cumplimiento a partir de 1 de enero de 2003, son:

  • Superficie del suelo: La superficie de suelo libre de la que deberá disponer cada cochinillo destetado o cerdo de producción criado en grupo, excluidas las cerdas y las cerdas jóvenes después de la cubrición, será al menos de 0,15 metros cuadrados por animal de hasta 10 kilos de peso en vivo. El espacio se incrementará progresivamente hasta un metro cuadrado si el animal supera los 110 kilos.

  • Recintos individualizados: Los cerdos que haya que criar en grupos, pero sean particularmente agresivos, hayan sido atacados por otros cerdos o estén enfermos o heridos, podrán mantenerse temporalmente en recintos individuales.

  • Comida garantizada para las cerdas: Las cerdas y cerdas jóvenes mantenidas en grupos se alimentarán mediante un sistema que garantice que cada animal pueda comer suficientemente, aun en presencia de otros animales que compitan por la comida.

  • Comida especial: Para calmar su hambre, y dada la necesidad de masticar, todas las cerdas jóvenes, cerdas postdestete y cerdas gestantes deberán recibir una cantidad suficiente de alimentos de volumen o ricos en fibras, así como alimentos con un elevado contenido energético.

  • Celdas de verracos: Estarán ubicadas y construidas de forma que los animales puedan darse la vuelta, oír, oler y ver a los demás cerdos. La zona de suelo libre de obstáculos a disposición de un verraco adulto deberá ser, como mínimo, de 6 metros cuadrados.

  • Medidas antiparasitarias e higiénicas: Las cerdas gestantes y las cerdas jóvenes deberán ser tratadas contra los parásitos internos y externos. Asimismo, y para el supuesto de que fuera necesario acomodarlas en parideras, las cerdas gestantes y las cerdas jóvenes deberán estar limpias.

  • Condiciones del nido: En la semana anterior al parto, las cerdas deberán disponer de material adecuado para hacer el nido a menos que sea técnicamente inviable con respecto al sistema de estiércol líquido utilizado en el establecimiento. Del mismo modo, deberá acondicionarse un espacio libre para permitir un parto de forma natural o asistida. Las celdas de parto deberán contar con dispositivos de protección de los lechones, como barrotes.

  • Momento del destete: Cuando se utilice una paridera, los lechones deberán disponer de espacio suficiente para ser amamantados. Los lechones no deberán ser destetados antes de tener veintiocho días de edad a no ser que el hecho de no destetarlos sea perjudicial para el bienestar o la salud de la madre o de los lechones. Sin embargo, los lechones podrán ser destetados hasta siete días antes, si son trasladados a instalaciones especializadas separadas de las de las cerdas.

  • Medidas antiagresión: Cuando los cerdos se críen en grupos, se adoptarán medidas para prevenir peleas. Cuando aparezcan signos de pelea violenta, se investigarán inmediatamente las causas y se adoptarán las medidas adecuadas. Los animales en peligro o los agresores específicos se mantendrán separados del grupo.

Mezcla de cerdos: Los cerdos deben mantenerse en grupos con la mínima mezcla posible. Si los cerdos no están familiarizados entre sí, la mezcla debe hacerse a la edad más temprana posible, preferiblemente antes del destete o, a lo sumo, una semana después. Cuando se mezclen, se les ofrecerá la posibilidad de escapar y ocultarse de otros cerdos. El uso de tranquilizantes para facilitar la mezcla se limitará a condiciones excepcionales y únicamente previa consulta con un veterinario.                                                                                                               

PRÁCTICAS PROHIBIDAS

La nueva normativa pretende también desterrar prácticas habituales en algunas explotaciones porcinas. A partir de ahora quedan prohibidos todos aquellos procedimientos no debidos a motivos terapéuticos o de diagnóstico, o destinados a la identificación de los cerdos, que provoquen lesiones o la pérdida de una parte sensible del cuerpo o la alteración de la estructura ósea. Las únicas prácticas que la norma permite, y que deben ser realizadas por un veterinario o por personal adecuadamente formado, son la reducción de las puntas de los dientes de los lechones antes de que superen los siete días de vida, pero sólo en el caso de que existan pruebas de que se han producido lesiones; una reducción de la longitud de los colmillos de los verracos para evitar lesiones a otros animales o por razones de seguridad; el raboteo parcial, que únicamente podrá practicarse si existen pruebas de que se han producido lesiones de las tetillas de las cerdas o las orejas o rabos de otros cerdos; la castración de los cerdos macho por medios que no sean el desgarre de tejidos; y el anillado del hocico, únicamente cuando los animales se mantengan en sistemas de cría al aire libre y de acuerdo con la normativa nacional.

Asimismo, a partir de la entrada en vigor de la norma, el personal que trabaje en cualquier instalación de cría o engorde deberá acreditar unos conocimientos mínimos. Con este objetivo, se han impulsado cursos específicos de formación destinados a facilitar la titulación preceptiva.

Bibliografía                                                                                     

  • Directiva 91/630/CEE, del Consejo, de 19 de noviembre de 1991, relativa a las normas mínimas para la protección de cerdos.

  • Directiva 2001/88/CE, de 23 de octubre de 2001, por la que se modifica la Directiva 91/630/CEE, relativa a las normas mínimas para la protección de cerdos, que es necesario incorporar al ordenamiento jurídico español.

  • Directiva 2001/93/CE de la Comisión, de 9 de noviembre de 2001, por la que se modifica la Directiva 91/630/CEE relativa a las normas mínimas para la protección de cerdos.

Real Decreto 1135/2002, de 31 de octubre, relativo a las normas mínimas para la protección de cerdos.

Control veterinario y sanidad pecuaria

4 de marzo de 2002 | Bibliografía
JUAN RAMÓN HIDALGO MOYA

Las denominadas “guías de origen y sanidad pecuaria” expedidas por los servicios veterinarios oficiales acreditan exclusivamente que los animales proceden de zona no infectada y que no padecen enfermedad infecto-contagiosa o parasitaria difusible. Así lo ha dejado establecido una reciente sentencia del Tribunal Supremo que enmienda la doctrina errónea sustentada por el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, considerada gravemente perjudicial para el interés general.

El antecedente sobre el que se tuvo que pronunciar el Tribunal Supremo (30 de octubre de 2001) provenía de una resolución de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, que estimaba el recurso de unos ganaderos contra las resoluciones de la Consejería de Salud, Consumo y Bienestar Social. La citada resolución judicial sentaba un “peligroso” antecedente para la seguridad de los consumidores, pues anulaba una sanción impuesta por la administración autonómica tras haberse acreditado la presencia de clembuterol en una de las muestras de ganado bovino analizadas.

El Tribunal Superior de Justicia de La Rioja aplicaba un “elemental” principio general del Derecho: el de no ir contra los actos propios o contra sus propios actos. En el presente caso y, según la opinión del Tribunal, la administración autonómica no podía sancionar a unos ganaderos por el irregular suministro de productos con clembuterol al ganado si previamente les había expedido la “guía de origen y sanidad pecuaria”. Esta guía declaraba que el citado ganado se encontraba bajo control veterinario y que las reses eran aptas sanitariamente para el consumo humano, y había autorizado el traslado de bovinos al matadero para su sacrificio.

La doctrina que podía sentar este Tribunal resultaba gravemente dañosa para los intereses de los consumidores. Así, en síntesis, quedaba establecido judicialmente que la administración que autoriza el sacrificio de un animal destinado para el consumo humano no puede volverse contra sí misma declarando, posteriormente, aunque esté acreditado, que se le ha suministrado un producto que resulta nocivo. Prevalecía la presunción del buen actuar de los servicios veterinarios sobre la realidad de los análisis posteriores efectuados a los animales. La presunción era sinónimo de inexistencia de producto alguno perjudicial para la salud de las personas en las reses que habían sido visadas.

Interés público y la salud de los consumidores

La sentencia del Tribunal Supremo no modifica el resultado de la resolución recurrida, en relación a la nulidad de la sanción impuesta a los ganaderos, por cuanto el recurso de casación planteado lo era de los denominados “en interés de Ley”. Este cauce procesal está dirigido exclusivamente, que no es poco, a fijar doctrina legal o jurisprudencial, con la intención de evitar la perpetuación de criterios interpretativos erróneos y perjudiciales para el interés general.

La Doctrina que ahora se impone protege fundamentalmente el interés general y la salud de los consumidores. Así, la Guía de Origen y Sanidad Pecuaria tiene por finalidad y objeto acreditar que los animales proceden de zona no infectada y que no padecen enfermedades infecto-contagiosas o parasitarias difusibles. La expedición de la “guía” no limita, en modo alguno, las labores de inspección de la administración en cuanto a la posibilidad de realizar cualquier tipo de prueba a los animales para determinar su aptitud e idoneidad para el consumo, entre las que cabe enumerar la que se realice para determinar la presencia o no de clembuterol.

En este sentido, y atendiendo al objeto y finalidad de la Guía de Origen y Sanidad Pecuaria, su expedición no implica la necesidad de que antes de su expedición se realicen tales pruebas analíticas ni el hecho de que, para el caso de su realización, éstas estén exentas de error en su resultado. Aún es más, entre los defectos más importantes de la anterior doctrina, ahora rectificada, está el hecho de no tener en cuenta la diferencia de fechas entre el momento de expedición de la “guía” y la del sacrificio del animal y la posibilidad de que en ese período se pudieran suministrar sustancias no permitidas y nocivas para la salud humana a las reses con destino al consumo humano. Por ello, los efectos del citado documento no pueden extenderse más allá de la fecha de su expedición.

El Tribunal Supremo, atendiendo a los elementos analizados, declara como gravemente perjudicial para el interés general la doctrina sentada por la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, por cuanto otorga a la Guía de Origen y Sanidad Pecuaria un alcance y valor que va más allá de los términos previstos por la norma reguladora y por un período posterior al de la fecha y momento de su expedición. Indirectamente, con este posicionamiento, se estaba impidiendo que la Administración realizara cualquier tipo de control posterior a la expedición de las “guías”, incluido el que se procede a realizar en los mataderos.

El perjuicio que esta doctrina conllevaría para el consumidor y para la salud pública en general resulta evidente: la falta de control administrativo del animal desde que se le expide la “guía de origen” hasta que es sacrificado y la posibilidad de fraude por suministro de clembuterol o cualquier otra sustancia nociva. Afortunadamente, y para casos posteriores, ha sido corregida.