La Nación de Buenos Aires, Viernes 4 de junio de 2010

A lo largo de las costas atlánticas de la Argentina, las gaviotas y albatros se reproducen aceleradamente. Tienen abundancia de alimento: toneladas y toneladas de peces que las tripulaciones de cientos de buques pesqueros capturan, pero descartan porque no les resultan de interés comercial.

Esta práctica, tanto como la sobrepesca, la captura de peces de menos de un año (juveniles) y la subdeclaración posterior integran un menú de conductas que está conduciendo aceleradamente al agotamiento de uno de los recursos naturales más preciados del Mar Argentino: las poblaciones de merluza.

"Los barcos que pescan langostinos en el golfo San Jorge descartan anualmente entre 40.000 y 50.000 toneladas de merluza que no figuran en las estadísticas -subraya Guillermo Cañete, coordinador del Programa Marino y especialista en pesca de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA)-. Por otro lado, la pesca de individuos que no llegan a los 34 cm de largo es un desperdicio de producción biológica y capital reproductivo fenomenal."

Cañete presentó ayer un detallado informe que revisa el estado de las pesquerías y de las medidas que haría falta implementar para aprovecharlas sustentablemente.

La conclusión es inquietante: en dos años podría terminarse la pesca de merluza. "No se van a terminar los peces -aclara Cañete-, sino los pescadores, porque si los recursos descienden más allá de un cierto nivel la actividad no resultaría rentable."

Un tesoro bajo el mar

En el mar que baña nuestra plataforma continental viven más de 400 especies de peces, entre las cuales más de 80 son recursos pesqueros. En 2008, decenas de empresas que dan empleo a más de 20.000 trabajadores extrajeron casi un millón de toneladas de peces y mariscos, que a su vez representan más de 1300 millones de dólares por exportaciones a España (32%), Estados Unidos, Japón, Italia, Brasil, Francia, China y otros países.

La merluza es el principal recurso pesquero del país. En 2007, constituyó el 40% de los desembarques, un tercio de las exportaciones y el 60% del empleo del sector.

Pero según estudios realizados por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), la captura de 2009 arrojó cifras más que preocupantes: el 61% fueron individuos juveniles y el 39%, adultos. "El negocio está sustentado en los jóvenes -subraya Cañete-. No podemos capturar más peces que los que se renuevan cada año y menos aún si no llegaron a reproducirse, porque el capital que está bajo el agua disminuye y finalmente se agota. Por otro lado, si se deja a esos peces un solo año más en el mar duplican su peso, lo que representa 70 millones de dólares más de ganancias. Los pescadores tienen que entender que si no hay peces, no hay plata."

Entre medidas desacertadas y falta de aplicación de las regulaciones existentes, una cuota de captura máxima permitida de 290.000 toneladas, un 30% más de lo recomendado, la ampliación del plazo en que se permite pescar sin dispositivos de selectividad (que impiden la captura de individuos que no superen los 35 cm de largo) o la obligación de dispositivos que retienen ejemplares de hasta 23 cm no hacen más que agravar este escenario desesperante.

"Necesitamos un plan de recuperación de la merluza, un plan de emergencia de consolidación de todo el sector pesquero y un nuevo modelo de gestión pesquera que promueva el desarrollo pesquero -subraya Cañete. Y enseguida agrega, con una lógica implacable-: Obviamente, algunas de las decisiones que se tomen tendrán un impacto en la industria, pero es preferible pescar un 30% menos... y no un 100% menos."

En la Argentina se comen entre seis y siete kg de pescado por año por habitante, aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda una cantidad mayor (20 kg).

Para que este patrimonio natural siga existiendo, bastará con que se aplique la ley 25.675 general del ambiente: establece que la política ambiental nacional deberá cumplir con los objetivos de promover el uso racional y sustentable de los recursos naturales; mantener el equilibrio y dinámica de los sistemas ecológicos, y asegurar la conservación de la diversidad biológica.

"Si no lo hacemos, estamos firmando el certificado de defunción de la pesca de merluza", advirtió Cañete.

Nora Bär